La otra noche estaba mirando la tele mientras me fumaba un pucho. Programas interesantísimos había: noticieros con malas noticias, la Televisión “Pública” pasando publicidad oficial, programitas pedorros de archivo mofándose de las pavadas que salen en otros canales (para colmo te tenés que bancar que los conductores se hagan los bananas), Fort peleándose con un gato, en fin, boludeces. La cagada es que no te dan opción: si no te gusta, ponete a estudiar. Estuve al límite de cometer una locura, casi apago la tele y me pongo a estudiar, pero justo al borde del colapso mental veo una publicidad que me envió a un mundo superior por unos instantes. Paso a contar.
Llegó el futuro a la Argentina:
“Paisajes más verdes, sólidos más naturales, un cielo más azul, un aire más puro…”, no me digan que no conmueve. Además esos colores vivos, los pajaritos, buenísimo. Imaginate si me compro un auto como ese, no importa que salga un huevo (seguramente), porque se paga solo de un par de formas. En primer lugar con las minas, dejemos aparte que es un autito bastante cheto y caro (con eso bastaría digamos…), uno podría utilizar esta tecnología para chamullar: “No mirá, yo siempre fui un tipo muy comprometido con el medio ambiente, me causa mucho dolor ver especies en peligro de extinción, desastres naturales y esas cosas. No puedo ser indiferente a lo que está pasando, va en contra de todo en lo que yo creo, por eso no uso autos con motores contaminantes. Amo la naturaleza.”, o cualquier otra variante de bolaso natura-sensibilidad. Por otro lado el ahorro de combustible: como tiene dos motores eléctricos que se retroalimentan entre ellos y aprovechan la energía cinética del motor de gasolina ¡no gastás nada de nafta! Y para gastar menos todavía podés cargarle la común (¿?). Encima dice que llega de 0 a 100 en 10,4 segundos. Relativamente veloz, llantas de 17’, amigable con el medio ambiente, no gasta un mango (estoy harto de gastar miles de dólares en gasolina contaminante y poco eficiente…), fachero, ganador, ¡sería un estúpido si no me comprara un auto tan sano y divertido!
Clic.
“¡Mah see’! Yo me lo compro.” Dije. Al otro día me fui al concesionario Toyota.
Esta musiquita surgió espontáneamente en mi cabeza cuando me subí:
La gris ciudad tomó colores divertidos, los animalitos corrían por doquier, el aroma a bosque inundaba todo mi ser, mientras escuchaba el alegre cantar de las aves. Ahhh, ahora sí... Qué bello es vivir…
Gozaba de mi éxtasis natural cuando de pronto me topo con un dulce y adorable koala. Bueno, no era un koala, era un perro, y me lo llevé puesto. Rompí toda la parrilla delantera. Por suerte seguía andando porque si se me llegaba a romper algo del motor ¿a quién se lo llevo?, ¿a la EPE? Y bueeeno, qué va’cer, total seguía escuchando la musiquita. Continúo.
“Ya que estamos probemos qué tan picante es” me dije. Y lo pisé. Casi me esguinzo el tobillo y el auto no pasó de 40 km/h… Claro, lo que no me dijeron es que sólo a nafta anda más o menos. Bueno, qué otra me quedaba más que ir a la estación de servicio que me quedaba más cerca.
Estaban de paro.
Algo me decía que ese no era mi día, pero no quería empezar a putear tan pronto, todavía tenía esa musiquita de mierda en la cabeza. Así que me relajé y me fui despacito hacia otra estación de otra empresa, que casualmente quedaba en la loma del orto. Para colmo el día estaba bastante feo, todo nublado, pinta de tormenta. Claro, yo no lo había visto porque estaba inmerso en un mundo mágico con animalitos y todo.
Sigo la marcha. Paro en una esquina, pasa un carro y me hace una raya desde el baúl a la trompa, encima bien prolijita me la hizo el muy puto. Me bajo para destripar gente y veo unos pibitos de 12 o 13 años arriba, “Disculpe don…”. ¡Pero qué leche, la puta que me parió!
Sigo. Llego a la estación. “Vos sabés que no llegó el camión cisterna, ya debería estar acá. Creo que se demoró por los piquetes, pero aguantá un toque que ya tiene que estar por llegar.” Me dijo el playero. Bueno, qué mierda hago, sigo andando despacito hasta encontrar otra estación, o me quedo esperando acá a que llegue el puto camión con el combustible. Ay, ay, ay… Bueno, espero, total ya debe estar por llegar teóricamente, además todavía tengo en la cabeza la musiquita de mierda esa que me está volviendo loco.
Una hora más tarde…
La musiquita me seguía taladrando la cabeza, encima en el manual no decía nada sobre la musiquita. Y ya no había muchos animalitos. Un par de ardillitas pedorras agonizando y un poco de olor a bosque, tapado por la asquerosa baranda a nafta. “Flaco, ¿faltará mucho para que llegue el camión? Me dijiste que ya llegaba y hace una hora que estoy como un boludo acá esperando.”, “No, pero ya llega, ya llega.”
A los veinte minutos llega. Cargo y me voy. ¡Muajajajajaaa! ¡Y ahora quién me para! Una bien al fin…
Ahora sí, ahora lo piso. Nieeeeeem, nieeeeem, nieeeeeeeeeeeeeeee… 70, 80, 90, 100… ¡PUM!/¡CRACK!
Agarré un bache. Se ve que justo ahí había caído un meteorito o algo así. Rompí dos llantas. ¡¡¡Lifchitz* y la recalcada concha de tu madre!!!, ¡ciudad de mierda, todas las calles rotas por todos lados! Y la insoportable musiquita que seguía ahí, inmutable la hija de puta. Ya estaba analizando seriamente la posibilidad de volver al concesionario y meterle el auto por el orto al vendedor. ¡Encima recién lo había sacado, no tenía ni auxilio mecánico!
Así como estaba el auto, y re caliente yo, y con la musiquita, arranqué rumbo a Toyota para putearlos. Me metí por adentro del Parque Independencia cuando de repente siento un golpe en la chapa. Digo “lo que faltaba, un pelotudo que me venga a tirar una piedra justo ahora que estoy tan tranquilo y relajado…”. Me bajé con una furia digna de Jacobo Winograd para buscar al chistoso. Me pega otra en la cabeza… Miro al cielo. Me pega otra. Y otra. Y se pudrió todo. Estaba cayendo granizo y yo en medio del parque con dos llantas rotas… ¡¡¡DIOS!!! Empecé a pegarle patadas al auto mientras puteaba a la musiquita, a los animalitos, a Toyota, al país, a la naturaleza, a la tele, a Fort y a la puta madre que lo parió, ¡por qué no me compré un Falcon modelo ’66 hecho mierda para que contamine todo y a la concha e’ su madre!
La cuestión era que al auto parecía que lo había traído de Irak. Me salió un huevo, contaminé, no me levanté ninguna minita, se me hizo mierda, renegué, puteé… Y la musiquita seguía ahí… Mientras me fumaba un pucho arriba del auto. En el techo.
Por suerte todo lo que pasó después del “Clic” fue sólo una pesadilla, pero mejor dejemos que el futuro llegue cuando tenga que llegar…
* Para el que no lo conoce, este hijo de puta es el intendente de la ciudad de Rosario…
domingo, 28 de marzo de 2010
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5 Boludeces:
¡jajajaja! Me río por no llorar.
Sinceramente esta vez te pasaste Seba. Lo que contás con mucha gracia y tintes irónicos por doquier es una realidad TRISTE, a la que, LAMENTABLEMENTE, estamos acostumbrados.
De hecho podemos generalizarlo, no solo con el autito cabe esta idea, también podemos decir que si no sos Ricardito Fort y tenés 4 o 5 matones que te amparen, tampoco podés darte el lujo de tener nada, ni siquiera un celular de mierda, porque te lo afana el primer punga que te cruces en la 9 de Julio Rosarinense. (Por suerte en Rafaela TODAVIA no tenemos que reputear al Intendente).
Me gustó mucho el relato, y ojalá que cuando llegue ese futuro, estemos preparados para afrontarlo, o, como digo siempre, dejar de reproducirnos, irnos al Tibet y dedicarnos a bucear en nuestro interior, hasta extinguirnos.
Un besote! =)
Jeje, sí es para llorar... Lo más triste es que parece que por muchos años más vamos a tener que vivir de esta manera...
Don't worry, be happy XD
Gracias Andre! Un beso grande ;)
Eso te pasa por comprar autos. Por eso vivo sin auto y me lleva otro B)
hauIKDFhbkh
Menos mal que fue una pesadilla! jjajaja yo iba leyendo y diciendo... naaaaah, no podes! Es asi la cosa, el futuro es hoy.
saludos!
eeeehhh, no había comentado yo acá????
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